Reiju: lo que sabemos y lo que no sabemos
Qué significa Reiju, cómo ha evolucionado su transmisión y qué podemos afirmar —o no— sobre su historia, sus efectos y el linaje en Reiki.

En una frase atribuida a Nelson Mandela se lee: «En la vida no se pierde, se gana o se aprende». No obstante, este tipo de citas suele generar conformidad y certeza cuando las cosas van bien, pero resulta mucho más difícil de aceptar cuando se atraviesa una época de sufrimiento o se tiene una profunda sensación de fracaso.
En el mundo del deporte, la frase suele citarse de otra manera: «En la vida se pierde mucho más de lo que se gana, y en el deporte, aún más», tratando de enseñar que habrá más derrotas que victorias.
Independientemente de la condición social, la edad, las creencias o la procedencia, todas las personas atravesamos momentos de pérdida, fracaso o desolación. Algunos son muy reales, como cuando un proyecto no consigue salir adelante o cuando termina una relación en la que habíamos depositado muchas expectativas. Otros ocurren solo en nuestra mente, como cuando los sueños que imaginábamos con claridad se alejan sin retorno.
Ambos generan tristeza y frustración. Y muchos —sobre todo aquellos a los que seguimos aferrándonos como algo que sí podría haber sido— generan, además, un sufrimiento añadido.
La realidad es que nadie escapa a estos momentos porque forman parte de la propia vida y de la naturaleza humana: pensamos, proyectamos, soñamos y escogemos caminos que, a veces, llegan a buen puerto y, otras veces, no.
Sin embargo, hay épocas en las que no solo un proyecto o una ilusión se derrumban, sino que todo parece venirse abajo. Todo. Son periodos difíciles, inciertos y profundamente dolorosos. Algunas personas consiguen atravesarlos de manera más o menos estoica; otras se refugian en el alcohol, las drogas, el trabajo, las redes sociales, el sexo o los videojuegos. Algunos lo escriben. Otros lo cantan. Otros simplemente lloran.
Tampoco es extraño que los pensamientos más oscuros terminen ocupando gran parte de la mente: desolación, culpa, resentimiento u odio. Muchas personas incluso llegan a pensar en desaparecer o en quitarse la vida.
Esta realidad, que solemos ignorar mientras todo parece mantenerse en pie, es vivida —antes o después— por todos los seres humanos. Y casi siempre se vive en silencio y soledad.
Cuando conocemos la noticia de un incendio forestal solemos reaccionar con tristeza e impotencia. Nos duele ver arder un bosque.
La pérdida es real y puede verse y olerse. Lo que antes era verde y estaba lleno de vida hoy es fuego y mañana serán cenizas. Cenizas de un gris desolador que no despierta simpatía alguna. Si tuviéramos el poder, probablemente jamás permitiríamos que un bosque ardiera. Y con esa decisión aparentemente bondadosa, terminaríamos matándolo.
Los incendios forestales naturales de baja intensidad —no los incendios descontrolados provocados o agravados por la acción humana y el cambio climático— cumplen una función ecológica esencial en la renovación de los ecosistemas. El fuego limpia la maleza acumulada, acelera el reciclaje de nutrientes, permite la germinación de determinadas semillas y favorece la biodiversidad.
El fuego que arrasa con todo permite, en realidad, un nuevo comienzo.
Nuestra inclinación al conformismo y a la comodidad no es solo un defecto moral; también es profundamente humana. Buscamos lo conocido porque reduce la incertidumbre, el miedo y el desgaste.
Por eso muchas personas permanecen durante años en situaciones insatisfactorias, relaciones agotadas o vidas que hace tiempo dejaron de sentir propias. Lo conocido ofrece una falsa sensación de seguridad.
Las épocas en las que todo se derrumba actúan como incendios forestales que arrasan sin pedir permiso. Y lo sentimos como el fuego sobre la piel.
Pero quizá, precisamente, ese derrumbe esté preparando una regeneración profunda.
Por suerte, nuestra naturaleza también es resiliente.
La resiliencia humana es nuestra capacidad para adaptarnos, recuperarnos y crecer frente a la adversidad, los traumas o los cambios drásticos. Igual que un bosque vuelve a nacer tras el incendio, los seres humanos poseemos una flexibilidad psicológica y emocional extraordinaria.
Cuando todo se derrumba rara vez somos capaces de pensar con claridad. Las conclusiones a las que llegamos en esos momentos suelen estar profundamente contaminadas por el dolor y el miedo. Sin embargo, cuando la vida vuelve a estabilizarse y miramos atrás, descubrimos con frecuencia que en aquellos momentos de incertidumbre estaban las raíces de muchas de las cosas que hoy valoramos y agradecemos.
Sí, tendemos a no movernos, a aferrarnos, a quedarnos donde estamos. Y eso nos conduce, tarde o temprano, al derrumbe, porque lo viejo siempre debe dejar espacio a lo nuevo.
Pero también somos profundamente resilientes. Y esa capacidad nos permite no solo sobrevivir, sino construir una vida más consciente, más verdadera y, quizá, más humana.
Cuando todo parece derrumbarse, la vida puede estar actuando, en realidad, para abrir espacio a algo nuevo. Destruye lo obsoleto, termina lo que ya había finalizado hace tiempo y deja espacio —mucho espacio— para aquello que ya está naciendo.
Cuando todo se derrumba, algo empieza a construirse.
Y es precisamente en esos momentos de dolor e incertidumbre cuando las personas, si decidimos no escapar y permanecer presentes, no solo aprendemos, sino que también ganamos en comprensión, empatía, serenidad y profundidad.
Las personas perseguimos con insistencia la estabilidad, la certeza y lo duradero, pero crecemos en la incertidumbre, en lo inestable y en aquello que inevitablemente cambia.
Por suerte, la vida alterna ambos estados constantemente. Porque, aunque el sufrimiento transforme, sufrir sigue siendo difícil.
Y a nadie le gusta sufrir.
Las personas que mejor consiguen atravesar los grandes cambios y las crisis suelen ser aquellas que mantienen estable lo único que realmente pueden sostener: a sí mismas.
En la práctica espiritual —sea religiosa, como el cristianismo o el islam, o más filosófica, como el yoga, el Reiki o el Zen— siempre se pone especial énfasis en la práctica diaria. Porque es la práctica, mucho más que la creencia o la inspiración momentánea, la que ofrece estabilidad cuando todo parece derrumbarse.
En una ocasión, hablando con unos alumnos de meditación y Reiki acerca de la importancia de la motivación para sostener la práctica diaria, un monje zen amigo mío, que había asistido a la clase para acompañarme, me dijo algo que jamás olvidé.
Cuando todos los alumnos ya se habían marchado, se acercó y me dijo:
—Pones mucho énfasis en la motivación, y está bien, pero tiene un peligro: cambia constantemente. A veces está y otras no.
Le pregunté entonces cómo mantener una práctica durante toda la vida.
—Rutina. Hábito —respondió sin más.
Le invité a continuar.
—Jordi —me dijo con una mirada llena de compasión— yo no me levanto cada día a las cinco de la mañana porque me sienta motivado para meditar y entrar en comunión con lo divino. Me levanto a las cinco de la mañana para meditar porque esa es la hora a la que me levanto para meditar. Nada más. Es lo que he hecho durante los últimos treinta años y lo seguiré haciendo. No lo cuestiono. Si dependiera de la motivación, muchos días dudaría y muchos otros no practicaría.
Las prácticas diarias —rezar, meditar, hacerse un autotratamiento de Reiki, caminar en la naturaleza o simplemente tomar un té en silencio al despertar— parecen pequeñas e insignificantes, pero sostienen nuestra vida igual que las vigas sostienen un tejado.
Cuanta más consistencia exista en los hábitos saludables para la mente, el cuerpo y el espíritu, menos devastador será el momento en que todo se derrumbe. Porque las rutinas las escogemos nosotros; los cambios necesarios de la vida, no.
Qué significa Reiju, cómo ha evolucionado su transmisión y qué podemos afirmar —o no— sobre su historia, sus efectos y el linaje en Reiki.
Aprender Reiki en Japón permite situar la práctica en un contexto cultural más amplio. Qué tener en cuenta al elegir una formación y cómo planteamos nuestro viaje de maestría en Kisetsu.
Una guía clara para empezar a meditar desde cero: postura, respiración, duración, meditación guiada y cómo crear una práctica constante.
Utilizamos cookies propias y de terceros para poder ofrecerle correctamente todas las funcionalidades del sitio web, con fines analíticos y para mostrarle publicidad personalizada de acuerdo con un perfil elaborado a partir de sus hábitos de navegación. Para continuar navegando por el sitio web, es necesario que acepte o configure las cookies que se aplicarán a su navegación. Para más información, consulte nuestra Política de Cookies.