Luciano Cáceres, el Reiki y lo inexplicable

Luciano Cáceres, el Reiki y lo inexplicable
26 de septiembre de 2025

En ocasiones, la vida nos ofrece relatos que parecen salidos de un sueño, historias que se mueven en la frontera entre lo visible y lo invisible, y que nos invitan a detenernos, a escuchar y a recordar que no todo puede explicarse. Uno de esos relatos llegó recientemente de la mano del actor argentino Luciano Cáceres, en su participación en el programa Otro Día Perdido, conducido por Mario Pergolini.

El encuentro televisivo, más allá de las preguntas y respuestas habituales, se transformó en una narración íntima sobre la vida, la muerte y el misterio. Cáceres habló de su madre, de su vínculo con el Reiki, y de una serie de experiencias que marcaron su historia personal y profesional. Lo que compartió no es simplemente un testimonio: es un recordatorio de aquello que escapa a la razón, pero que, cuando sucede, nos toca con la fuerza de lo sagrado.

¿Quién es Luciano Cáceres?

Luciano Cáceres es un reconocido actor argentino de teatro, cine y televisión. Con una trayectoria sólida y variada, ha interpretado papeles en producciones muy distintas entre sí, lo que le ha otorgado una presencia constante en el panorama artístico de su país. Sin embargo, en Otro Día Perdido no habló de guiones ni de escenarios, sino de algo mucho más profundo: su vida interior y el legado espiritual que le dejó su madre.

El marco: Otro Día Perdido

El programa conducido por Mario Pergolini se ha convertido en un espacio donde artistas, pensadores y personalidades comparten su mirada sobre el mundo, lejos de las entrevistas convencionales. En este caso, Pergolini dio lugar a que Cáceres relatara un capítulo esencial de su biografía: la enfermedad, el adiós y la trascendencia de su madre.

La enfermedad y el Reiki

La madre de Cáceres atravesó durante muchos años un cáncer que la llevó por distintos tratamientos médicos. Sin embargo, en su último tramo de vida tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su experiencia: abandonar la medicina convencional y entregarse a las terapias alternativas, en especial al Reiki.

El actor relató que al principio lo acompañó en ese camino, pero que también hubo momentos de profunda frustración. Cuando su madre cayó en coma, llamó con desesperación a la mujer que la trataba con Reiki, exigiendo que hiciera algo. La terapeuta no pudo acudir porque se encontraba en un retiro espiritual. Cáceres, dolido y enojado, sintió que el Reiki le fallaba.

Y, sin embargo, contra toda lógica, su madre despertó del coma. Aunque ya no podía hablar, él sentía que podía escucharla. En medio de esa fragilidad, una nueva dimensión se abrió para ambos.

El ángel llamado Amor

En uno de los episodios más conmovedores de la entrevista, Cáceres recordó un gesto inesperado de su madre. Un día la encontraron sentada, con la mano extendida en el aire. Cuando le preguntaron qué hacía, ella respondió con naturalidad:

—“Estoy agarrando a mi ángel. Es una persona muy alta, muy blanca, como de cincuenta años. Se llama Amor”.

Este instante, aparentemente sencillo, guarda en sí mismo una fuerza poética y espiritual enorme. En la inminencia de la muerte, su madre no hablaba de dolor ni de pérdida, sino de un ángel llamado Amor.

El último adiós

En la última semana de vida, finalmente una terapeuta de Reiki pudo acompañarla. El desenlace era inevitable. Entonces sucedió algo que Cáceres narró con emoción: entre la rabia y la desesperación, él mismo se acercó a su madre, le puso las manos en las piernas y sintió una reacción inmediata. Ella movió las piernas, abrió los ojos, y él le dijo:

—“Agárrate fuerte a tu ángel”.

Instantes después, su madre partió.

Ese gesto, sencillo y profundo, es tal vez la mejor expresión de lo que significa el Reiki: estar presentes, ofrecer nuestras manos, confiar en que la energía de la vida fluye y que, en lo invisible, algo se acomoda.

El rosario en la orilla

Tras la partida de su madre, Cáceres esparció sus cenizas en Villa Gesell, un lugar cargado de recuerdos familiares. Allí, mientras caminaba por la playa, el mar le ofreció un regalo inesperado: una ola depositó un rosario en su pie.

El actor lo guardó con la certeza íntima de que era un obsequio del mar. 17 años después, este rosario volvería a aparecer en su vida de un modo sorprendente.

Diecisiete años después

El tiempo pasó. Diecisiete años más tarde, durante una filmación, Cáceres sufrió un accidente. Una amiga le recomendó visitar a una terapeuta de Reiki. Allí, tras la sesión, la practicante le dijo:

—“Tengo un mensaje para vos. Tu mamá hizo mucho esfuerzo para que ese rosario llegara a tus pies”.

Luciano no pudo más que reconocer el peso de ese misterio. Desde entonces, lleva consigo aquel rosario, símbolo de una conexión que atraviesa el tiempo y la lógica.

El Reiki y lo inexplicable

Quien se acerca al Reiki con una mirada puramente racional puede sentirse desconcertado, incluso incrédulo, ante relatos como este. Sin embargo, para quienes hemos practicado y acompañado durante años, estas historias no resultan extrañas, aunque sí profundas y mágicas.

El Reiki nos sitúa en un espacio donde la razón no basta. Es una experiencia que se revela en silencios, en gestos mínimos, en sensaciones imposibles de describir con palabras. Nos enseña que nuestra comprensión es limitada, que nuestra ignorancia es amplia y, paradójicamente, que allí habita una forma de sabiduría.

El caso de Cáceres es un ejemplo luminoso de esto: momentos de rabia, de duda, de milagro, de amor. El Reiki no aparece como una solución mágica que “cura” en el sentido médico de la palabra, sino como un lenguaje de la vida misma, que se expresa en los vínculos, en las despedidas, en los regalos inesperados.

Reconocer nuestra ignorancia

Quizá la enseñanza más grande que deja este testimonio es la de aceptar que no sabemos. Que el Reiki no puede reducirse a técnicas ni a explicaciones. Que es, en esencia, un misterio. Y que en ese misterio habita el amor.

Cuando la madre de Cáceres habló de un ángel llamado Amor, quizás nos estaba recordando que el Reiki —y la vida misma— es ante todo un movimiento hacia la confianza. Nos invita a reconocer lo que ignoramos y, al mismo tiempo, a abrazar la certeza de que nunca estamos solos.

«Creer o reventar»

La historia de Luciano Cáceres, su madre y el Reiki no es un manual de respuestas. Es un relato vivo, cargado de símbolos y de verdad personal. Nos habla de lo que significa acompañar a un ser querido en su partida, de lo que queda cuando todo parece perdido, y de la manera en que lo invisible se abre paso entre nuestras certezas.

En Kisetsu, Reiki & Meditation School creemos que estos testimonios son valiosos porque nos recuerdan lo esencial: el Reiki no es algo que pueda explicarse del todo. Es algo que se vive, que se siente, y que, con el tiempo, se convierte en un camino de humildad, amor y misterio.

Luciano Cáceres nos ha regalado, sin proponérselo, un relato que habla tanto de él como de todos nosotros: de esa mezcla de dolor y maravilla, de ignorancia y gratitud, de lo inexplicable que nos sostiene.

Y tal vez, en ese “no sé, creer o reventar” con el que concluyó su relato, encontremos la forma más honesta de hablar del Reiki: una invitación a abrir el corazón, aunque la mente no entienda.

Luciano Cáceres en Otro día perdido

Jordi Ibern

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