Si le preguntáramos a ChatGPT qué significa meditar, seguramente nos diría que meditar es poner en práctica una serie de técnicas específicamente diseñadas para lograr un cambio en la conciencia de la persona que medita, acercándola a un estado de paz y calma mental y a una comprensión más clara y profunda de la existencia. Y esa sería una buena definición de qué es la práctica meditativa. Pero a mí me gusta decir que meditar es crear un estado de apertura. Que meditar es crear un vacío dentro, y hacer que ese vacío se vaya adueñando de todo. Que vaya creciendo hasta que acabe por abarcarlo todo.
La meditación como vía de renuncia
En este sentido, meditar es transitar la vía de la renuncia, porque para que haya espacio vacío dentro, un montón de cosas tienen que irse. Y eso es de hecho lo que hacemos durante la práctica meditativa: sentándonos a practicar, renunciamos al movimiento; cerrando los ojos, renunciamos a procesar información visual de todos los objetos que nos rodean; renunciando a girar la cabeza para ver qué pasa cuando alguien hacer ruido a nuestro alrededor, renunciamos a actuar en nuestro entorno, llevando la atención a un punto concreto (la respiración, por ejemplo), renunciamos a estar atentos a todo lo demás.
Meditar es entonces un aprender a dejar de hacer, un aprender a estar sueltos,
a «estar sin esfuerzo», y es en ese «estar sin esfuerzo» donde va surgiendo el vacío.
La meditación en la antigua India
Los yoguis de la antigua India estaban interesados en ese vacío, y meditaban para llegar a él. Meditaban para alcanzar la iluminación, pero cuando la iluminación llegaba, la vida se iba. Porque iluminarse significaba morir. En la India de los antiguos yoguis el practicante trabajaba duro para lograr la extinción del pensamiento, pero a la extinción del pensamiento seguía la extinción de todo lo demás. Como dirían los propios yoguis, dejar ir es un gesto que no tiene que ver con el objeto que se suelta, sino con el sujeto que deja de sujetar. De manera que uno empieza a soltar algunas cosas, pero si profundiza de verdad en la práctica, acaba por soltarlo todo, incluida la vida misma.
En la India de hace más de 2.000 años la vía meditativa era, entonces, la vía de la extinción. Esa era la manera como se recorría la vía de la práctica interna, pero hoy en día ese recorrido es distinto. Nosotros ya no aspiramos a trascender la existencia; nosotros aspiramos a anclarnos en ella. Meditamos para estar un poco más tranquilos. Para tener un poco de paz. Para poder seguir tirando. Para poder seguir estando vivos.
De la trascendencia a la supervivencia
La vía de la trascendencia es ahora la vía de la supervivencia. En el ámbito del mindfulness, que es un tipo específico de práctica meditativa, la meditación nos sirve hasta para mejorar el rendimiento. Es la práctica interna puesta al servicio del sistema que nos oprime. La demostración última de que eso que un día sirvió para morir al mundo, ahora nos sirve para sobrevivir en él.
Berta Turné
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