Por qué enseño Reiki como camino hacia la presencia

El Reiki es un camino a la presencia
26 de enero de 2026

Cuando descubrí el Reiki, lo hice en un contexto muy distinto al actual. A principios del siglo XXI, el Reiki era todavía una práctica poco conocida en Occidente y, en ciertos entornos, casi discreta.

Realicé el curso de Nivel 1 —Shoden, el comienzo de las enseñanzas— y nunca he dejado de practicarlo desde entonces.

Curiosamente, no fue el curso lo que me convenció, sino la experiencia de recibir mi primera sesión y, sobre todo, el primer Reiju: un breve ritual de iniciación profundamente silencioso que me produjo una sensación de claridad y bienestar que jamás había experimentado.

Mi primera impresión del entorno, sin embargo, fue extraña.

Las personas vestían de blanco. Se abrazaban largamente. Hablaban insistentemente de amor, bondad y perdón. Yo no encajaba en nada de aquello. Me sentí fuera de lugar.

Y, aun así, algo muy profundo estaba ocurriendo.

Conforme avanzaban las sesiones, me sentí —por primera vez— en casa. Con una serenidad desconocida y la sensación de estar ante algo auténtico.

Con los años comprendí que aquello auténtico no era el ambiente. Era el estado interior que el Reiki despertaba.

La imagen del Reiki

Durante mucho tiempo, la imagen pública del Reiki ha estado fuertemente ligada a un imaginario esotérico, estético y conceptual que, lejos de acercar a muchas personas, las ha alejado.

Páginas que prometen:
Reiki para atraer abundancia.
Reiki para sanar el karma.
Reiki para activar la energía en tres minutos.

Mensajes que, sin mala intención, han colocado al Reiki en un lugar que no le corresponde.

Porque el Reiki no nació para eso.

Qué es realmente el Reiki

El nombre original de la escuela fundada por Mikao Usui a principios del siglo XX es Usui Reiki Ryōhō Gakkai.

Usui no era un monje, sino un laico profundamente influenciado por la espiritualidad japonesa y la práctica del budismo Tendai.

El Reiki nació como una vía de desarrollo interior, no como una técnica para resolver problemas rápidamente.

Una vía basada en el silencio, la práctica diaria, la observación de uno mismo y la relación armónica con la vida tal como es.

No promete resultados inmediatos. No exige creer en nada. No necesita adornos.

Es, esencialmente, una práctica de presencia.

Reiki, equilibrio y presencia

En la comprensión oriental de la salud y la vida, el concepto clave es el equilibrio.

El desequilibrio constante —emocional, mental, vital— es lo que genera sufrimiento.

El Reiki, practicado con constancia, devuelve a la persona a un estado de atención, calma y claridad que permite recuperar ese equilibrio perdido.

No porque “cure”, sino porque enseña a estar.

Y cuando una persona está verdaderamente presente, muchas cosas empiezan a ordenarse de forma natural.

Lo que el Reiki devuelve

Después de años de práctica diaria, meditación en silencio y enseñanza, puedo afirmar con claridad:

El Reiki devuelve lo que con demasiada frecuencia perdemos: la presencia.

Nos ayuda a reconocer distracciones.
Nos reconecta con el silencio.
Nos devuelve la capacidad de afrontar la vida sin escapar de ella.

No es esoterismo. Es práctica.

Una práctica sencilla, profunda y radicalmente humana.

Por qué lo enseño

Enseño Reiki porque es una de las formas más directas y accesibles que he conocido para aprender a estar presente.

Lo he enseñado a personas de todas las creencias, profesiones y culturas.

No excluye a nadie, porque no exige nada más que práctica.

Hoy lo enseño en grupos reducidos, individualmente y también en equipos y organizaciones, porque la presencia no es solo un beneficio personal: es una cualidad profundamente percibida por los demás.

Y porque, en un mundo que nos empuja constantemente a salir de nosotros mismos, el Reiki sigue siendo un camino silencioso de regreso.

Un regreso a la vida tal como es.

¿Quieres aprender presencia conmigo?

Jordi Ibern

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