Reiki, yoga, meditación… El gran problema de la disciplina espiritual

La disciplina espiritual
16 de abril de 2025

Cuando en el año 2011 conocí a Bao Tang (Hermano Tesoro), sentimos una conexión inmediata. Había viajado a Plum Village, en Francia, para participar en un retiro de varias semanas y recibir las enseñanzas y la práctica del maestro zen Thich Nhat Hanh. Bueno, al menos esa es la explicación que siempre he dado. En realidad, fui a Plum Village para sanar mi corazón. Me estaba recuperando de una pérdida importante.

Lo que se deja atrás

Durante los días que compartimos en comunidad, tuve muchas conversaciones con el Hermano Tesoro. Recuerdo con especial cariño una de ellas, en la que hablamos sobre qué significa tener una vida espiritual y lo difícil que resulta mantenerla en el mundo moderno. El Hermano Tesoro —nombre muy acertado, por cierto— me abrió los ojos a la vida monástica. Como muchos, seguramente, yo también tenía ideas preconcebidas, estereotipos y creencias acerca de lo que implica ser monje. No tardó mucho en explicarme que la vida en el corazón del monasterio es más compleja de lo que aparenta.

Sin embargo, hay algo que sí está presente en la vida monástica y que casi siempre falta en la vida cotidiana: un entorno que favorece la contemplación, el silencio, los valores y la disciplina.

¡Ah! La disciplina… La mayoría escuchamos esta palabra y ya nos echamos a temblar.

El entorno hace la diferencia

El Hermano Tesoro me dijo: «¿Sabes? El reto más grande para mí fue convertirme en monje, porque sabía a lo que renunciaba». Después añadió algo más, seguramente al ver mi rostro interrogante, deseoso de comprender. «Decidir ser monje es una decisión muy importante. No solo contemplas la vida que vas a tener —una vida espiritual profunda, dedicada a la contemplación y al trabajo por mejorar el mundo y aliviar el sufrimiento—, sino que también observas la vida a la que renuncias. Ese es el gran reto».

Nunca lo había pensado de ese modo. Para ser monje no solo renuncias a tener hijos o pareja, sino a casi todo aquello a lo que la mayoría de personas estamos acostumbradas: la libertad de ver una película cuando te apetece, de hacer una escapada un fin de semana, de salir a bailar un sábado por la noche o de tomar una cerveza con amigos un jueves por la tarde.

El verdadero reto del mundo moderno

Sin embargo, el Hermano Tesoro añadió algo que, desde entonces, he repetido muchas veces a alumnas y alumnos de todo el mundo: «Mi gran reto fue decidirme a ser monje. Pero, a partir de ahí, mantener la disciplina espiritual fue mucho más fácil, ya que mi entorno está hecho de ella. Para quienes queréis vivir una vida espiritual sin ser monjes, el reto es mucho mayor, porque debéis sostener una disciplina en un entorno que no la promueve, no la facilita y no la abraza. No obstante, es en vuestro mundo donde la disciplina espiritual es más necesaria, porque es en el llamado “mundo real” donde habita el gran sufrimiento».

Volver una y otra vez

Desde aquella conversación profunda con Bao Tang, en el verano de 2011 mientras tomábamos té con calma, mi gran reto, tanto personal como en mi labor como profesor, ha sido transmitir a los demás la importancia —y la necesidad— de una práctica regular.

Si se pierde la práctica, la vida te arrastra con una facilidad aterradora. Por suerte, siempre hay personas como el Hermano Tesoro y lugares como Plum Village que ayudan a recuperar la práctica y a fortalecer la disciplina.

Disciplina: el denominador común del éxito

Si preguntáramos a deportistas de élite como Rafa Nadal, Djokovic, Michael Jordan, Nadia Comaneci, Pau Gasol, Leo Messi o Michael Phelps por el secreto de su éxito, todos, sin lugar a dudas, mencionarían la disciplina. Y si hiciéramos la misma pregunta a grandes músicos o a figuras destacadas del mundo de las finanzas como Warren Buffett, Benjamin Graham, Jim Simons, Jesse Livermore, George Soros o Peter Lynch, la respuesta no sería distinta.

Al final, no estoy revelando ningún misterio al hablar de disciplina. En el fondo, todos sabemos que es la clave para tener éxito en cualquier proyecto, sea este puramente material o profundamente espiritual.

La corriente de la vida

El problema está expuesto. No es difícil de ver. En un mundo que se acelera y que, por encima de todo, ha construido una red estratosférica de distracciones, consumo y superficialidad, mantener una disciplina espiritual —como practicar yoga, Reiki o meditación diariamente— se ha convertido, para muchos, en una odisea. ¿Por qué? Porque la energía de la sociedad es más fuerte que la del individuo. La corriente grupal supera la individual. Por eso caemos una y otra vez, dejándonos una desoladora sensación de culpa y de fracaso.

Pero, ¿realmente fracasamos? No.

La corriente de la sociedad puede ser más fuerte que la del individuo, pero es inmensamente más débil que la de la propia vida. Y es la energía de la vida la que, con delicadeza, te susurra cada vez que has caído:

«Levántate. Hoy puedes volver a empezar».

Jordi Ibern

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